Desde el 10 de diciembre de 2010,
62º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Villas y asentamientos


Tema: Argentina

Categoría: Opinión y análisis

Las primeras villas de emergencia nacen en los ’50, como resultado del proceso de urbanización alentado por la sustitución de importaciones y el impulso industrializador del primer peronismo. Están pobladas, en general, por migrantes internos, la mayoría proveniente de zonas rurales, que buscan en las fábricas de las ciudades nuevas oportunidades de vida. Como su nombre lo indica, son sitios pensados como lugares transitorios, de emergencia. Y es lógico: para un chaqueño, un santiagueño o un correntino, la villa era la puerta de entrada a la ciudad, el lugar de paso al que debía resignarse unos años antes de poder acceder el terrenito para edificar una vivienda. En un país industrializado, que todavía se enorgullecía de la movilidad social ascendente y con un mercado de trabajo aún capaz de absorber a nuevos empleados (es decir, la Argentina anterior al colapso del modelo estadocéntrico), la villa funcionaba, al menos imaginariamente, como la escala hacia un lugar mejor.

Volver a vivir. Los espejismos del partido "Obrero" y el ex senador Duhalde


Tema: Argentina

Categoría: Noticias

Con trabajadores de otros ferrocarriles, el partido “Obrero” realizó el corte en Avellaneda que provocó los disturbios en Constitución. Sobre el grave problema del acceso a la tierra urbana se montan otras operaciones políticas de desgaste. Tanto los obreristas como el ex senador Duhalde intentan revivir las jornadas de diciembre de 2001, pero sólo logran conatos aislados y fugaces, en un país volcado al consumo y el esparcimiento.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Un nuevo concepto de lo político


Tema: Argentina

Categoría: Opinión y análisis

Gran parte de la comunidad política –y de los medios de comunicación– parece haber visibilizado el “interés” de los jóvenes por la política a partir de la muerte de Néstor Kirchner. Fue interpretado como la “irrupción” de un actor político que durante mucho tiempo había sido excluido del escenario político con naturalidad, como si se tratara de un organismo exánime. Algunos medios explicaron el “sorprendente fenómeno participativo” inscribiéndolo en una genealogía nacional que remontaron hasta la primavera alfonsinista, cuando la participación popular comienza a recibir los embates de un largo proceso de corrosión. Era la democracia que –como dice León Rozitchner– los militares habían perdido en Malvinas, no la que nuestro clamor había conquistado en las calles, una democracia “regalada”, enclenque y timorata que frente al entusiasmo de los jóvenes se reveló expulsiva y ficcional. El relato que por entonces comenzó a circular de los jóvenes fue en clave mediática, estigmatizados como víctimas de los descarríos o victimarios de una población medrada por la delincuencia y la inseguridad, muy lejos de aquel sujeto político que durante los años ’60 y ’70 había protagonizado la política de nuestro país y del mundo. La persistencia en posiciones tan refractarias, la degradación política del menemismo y los sucesivos golpes económicos hicieron que los jóvenes se apartaran masivamente de la escena política, tanto es así que muchos que estaban en condiciones de hacerlo, en las postrimerías del gobierno de la Alianza, terminaron yéndose del país o adscribiendo al Movimiento 501, que proponía trasladarse a más de 500 kilómetros del domicilio para quedar exceptuados de la obligación de votar. Ninguna de estas expresiones, acompañadas por emergentes estéticos que iban desde Los Redonditos de Ricota y La Bersuit hasta Los rubios, de Albertina Carri, fueron leídos como los gestos políticos de un actor social vivo y dinámico; por el contrario, fueron calificados como nihilismo, renuncias irresponsables o activismo antisistema; de ningún modo como el rechazo rotundo a una política en la que se (con)fundían las corporaciones políticas, económicas y mediáticas. La arrogancia y la impunidad impidió ver, en eso que llamaban antipatía, los primeros escarceos de una incipiente mutación en los modos de hacer política que tendría a los discursos mediáticos y a las corporaciones como sus principales antagonistas.