Desde el 10 de diciembre de 2010,
62º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
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CorrupciónCategoría:
NoticiasJuan Antonio Roca no llegó a Marbella con una mano delante y otra detrás. Ya era millonario antes de ser contratado en el Ayuntamiento. Eso es lo que su abogada, Rocío Amigo, trató de demostrar ayer al tribunal que juzga el 'caso Malaya' durante el interrogatorio en el que le preguntó por sus actividades profesionales y su patrimonio. «Antes de llegar al Ayuntamiento de Marbella -contestó Roca- yo tenía varias empresas y sociedades, además de un patrimonio de más de mil millones de pesetas (seis millones de euros), lo que ocurre es que la policía solo ha justificado 650. Todo esto que se ha dicho de que llegué con lo puesto forma parte de la puesta en escena de la policía», explicó el presunto cerebro de la corrupción.
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NoticiasMenos mal que Rafael Gómez Sánchez, empresario cordobés implicado en la Malaya, conocido como «Sandokán», había avisado de que no tenía intención de «tirar de la manta» en su reaparición en escena ante los periodistas para presentar su nuevo partido y anunciar que aspira a la Alcaldía. De haberlo hecho, con seguridad habrían temblado los cimientos del Ayuntamiento. Porque, ayer, con sólo levantar una punta de esa «manta» que cubría la polémica construcción de las naves sin licencia de Colecor, dejó al descubierto algunos detalles inconfesables capaces de dar la vuelta a la verdad oficial.
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Opinión y análisisGran parte de la comunidad política –y de los medios de comunicación– parece haber visibilizado el “interés” de los jóvenes por la política a partir de la muerte de Néstor Kirchner. Fue interpretado como la “irrupción” de un actor político que durante mucho tiempo había sido excluido del escenario político con naturalidad, como si se tratara de un organismo exánime. Algunos medios explicaron el “sorprendente fenómeno participativo” inscribiéndolo en una genealogía nacional que remontaron hasta la primavera alfonsinista, cuando la participación popular comienza a recibir los embates de un largo proceso de corrosión. Era la democracia que –como dice León Rozitchner– los militares habían perdido en Malvinas, no la que nuestro clamor había conquistado en las calles, una democracia “regalada”, enclenque y timorata que frente al entusiasmo de los jóvenes se reveló expulsiva y ficcional. El relato que por entonces comenzó a circular de los jóvenes fue en clave mediática, estigmatizados como víctimas de los descarríos o victimarios de una población medrada por la delincuencia y la inseguridad, muy lejos de aquel sujeto político que durante los años ’60 y ’70 había protagonizado la política de nuestro país y del mundo. La persistencia en posiciones tan refractarias, la degradación política del menemismo y los sucesivos golpes económicos hicieron que los jóvenes se apartaran masivamente de la escena política, tanto es así que muchos que estaban en condiciones de hacerlo, en las postrimerías del gobierno de la Alianza, terminaron yéndose del país o adscribiendo al Movimiento 501, que proponía trasladarse a más de 500 kilómetros del domicilio para quedar exceptuados de la obligación de votar. Ninguna de estas expresiones, acompañadas por emergentes estéticos que iban desde Los Redonditos de Ricota y La Bersuit hasta Los rubios, de Albertina Carri, fueron leídos como los gestos políticos de un actor social vivo y dinámico; por el contrario, fueron calificados como nihilismo, renuncias irresponsables o activismo antisistema; de ningún modo como el rechazo rotundo a una política en la que se (con)fundían las corporaciones políticas, económicas y mediáticas. La arrogancia y la impunidad impidió ver, en eso que llamaban antipatía, los primeros escarceos de una incipiente mutación en los modos de hacer política que tendría a los discursos mediáticos y a las corporaciones como sus principales antagonistas.